Alopecia
Alopecia en niños
La alopecia en niños representa una de las consultas más delicadas en la práctica capilar. A diferencia del adulto, donde los factores hormonales explican la mayoría de los casos, en
La alopecia en niños representa una de las consultas más delicadas en la práctica capilar. A diferencia del adulto, donde los factores hormonales explican la mayoría de los casos, en la infancia las causas son múltiples y muchas veces reversibles si se identifican a tiempo. El desafío del profesional es distinguir entre una caída transitoria, un cuadro autoinmune y una situación que requiere derivación pediátrica inmediata.
En los últimos años, la evidencia clínica ha refinado nuestra comprensión de los mecanismos involucrados. Ya no basta con observar el patrón de caída: es imprescindible integrar el examen tricoscópico con la historia familiar, el estado nutricional y los eventos recientes en la vida del niño.
Los tres cuadros más frecuentes
En consulta observamos tres presentaciones que concentran cerca del 80% de los casos pediátricos. Cada una tiene un patrón visual distintivo y un abordaje diferente.
Alopecia areata infantil
Se manifiesta como placas circulares perfectamente definidas, sin descamación ni signos inflamatorios visibles. La tricoscopía revela pelos en signo de exclamación característicos, y con frecuencia coincide con un evento emocional reciente o una infección viral en las semanas previas.
El pronóstico en niños es generalmente favorable cuando se interviene en las primeras ocho semanas. La ventana terapéutica es más corta que en adultos.
Efluvio telógeno
Suele aparecer entre 8 y 12 semanas después de un evento gatillo: fiebre alta sostenida, cirugía, estrés emocional intenso, o cambios drásticos en la alimentación. La caída es difusa, no forma placas, y el niño puede llegar a perder hasta un tercio de su densidad capilar sin que exista una patología subyacente grave.
Tricotilomanía
El diagnóstico más difícil. El niño arranca su propio cabello, generalmente sin conciencia clara del hábito, en respuesta a ansiedad o estrés. Los pelos aparecen quebrados a distintas alturas dentro de una misma zona, un patrón que no se ve en ninguna otra alopecia.
El abordaje en consulta
Cada caso pediátrico exige un tiempo de escucha extendido. No consulta el niño: consulta la familia. Y la información que aportan padres y hermanos es tan relevante como el examen físico.
El protocolo que aplico incluye tricoscopía sistemática de las cuatro zonas de referencia, evaluación del cuero cabelludo con luz polarizada, y un cuestionario dirigido tanto al niño como al adulto responsable. Solo entonces se define el plan, que en la mayoría de los casos combina intervención tópica, seguimiento nutricional y — cuando corresponde — derivación interdisciplinaria.
— Dra. Rocío Castor
Hair Recovery Specialist